lunes, 4 de julio de 2011

Capital, cultura y sectarismo

La reciente elección de Donostia/San Sebastián como Capital Europea de la Cultura para el año 2016 ha desatado una polémica, a mi juicio innecesaria, tergiversada y estéril, que ha sacado lo peor de los distintos localismos fanatizados –que no son, ni mucho menos, una exclusiva de Euskadi- y ha mostrado posicionamientos sectarios y escasamente documentados; lejos, por tanto, de la cultura que dicen representar o defender.

Lo que cabía esperar tras la decisión del jurado era, en primer lugar, mostrar el respeto y la felicitación a la ciudad ganadora y a sus habitantes. Yo lo hago con la capital guipuzcoana, pero lo haría igual con Córdoba, Burgos, Zaragoza o Segovia; y en el caso de Las Palmas de Gran Canaria, además, lo celebraría.

No han hecho esto los perdedores, con declaraciones de pésimo estilo, difíciles de comprender cuando las hace un alcalde, pero del todo imposible cuando la autora es una ministra del Gobierno de España, la señora Aguilar, que parece excluir al País Vasco de los dominios de su departamento y, por ende, del Ejecutivo.

En segundo lugar, se trataría de aprovechar el nivel de consenso alcanzado en nuestra tierra en torno a la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria para, aprendiendo de la experiencia, seguir trabajando por impulsar iniciativas que mejoren nuestra vida cultural, que gestionen de manera inteligente las capacidades culturales de la ciudad; y, sobre todo, que enriquezcan las prácticas de importantes sectores de la población, con hábitos de consumo culturales que me preocupan, como nuestro liderazgo en el seguimiento de productos televisivos tipo ‘Sálvame’ o similares.

Pero lejos de esa sana actitud nos hemos encontrado con los disparates pronunciados por Saavedra, Cambreleng, Belloch o Aguilar, más propios de algunos hinchas de River Plate tras su descenso que de personalidades del mundo político y/o cultural, que han demostrado funcionar más con las vísceras que con el cerebro, que han sido incapaces de aceptar elegantemente la derrota y que han usado una hiperpolitización interesada para evitar el asumir (auto)críticamente su fracaso. Hiperpolitización, por cierto, que no utilizaron cuando casi todas las ciudades que pasaron el primer corte estaban regentadas por alcaldes socialistas.

Todo se ha sacado completamente de quicio, hasta la propia relevancia de ser capital cultural. ¿Conocen ustedes los nombres de las ciudades designadas este año? ¿Y las correspondientes a 2010 o a 2009? Hice la prueba el otro día en la tertulia de ‘El Espejo Canario’, en 7.7 Radio, y quedó claro que, como en la película de Mateo Gil, nadie conoce a nadie. Salvo los directamente implicados en el asunto, claro está.

Por otra parte, ¿se ha evaluado suficientemente el impacto real de ese reconocimiento en las urbes que lo han disfrutado en la última década? ¿Qué transformación sufrieron? ¿En qué mejoró su situación económica y cultural? ¿Y la calidad de vida de sus ciudadanos y ciudadanas?

Los Cambreleng y compañía que se atreven a hablar del “triunfo de las pistolas” (pobre Odón Elorza, padre del brillante proyecto donostiarra, vinculado a la tolerancia, a la pacífica convivencia), ¿por qué no reconocen que frente al trabajo mucho más dilatado en el tiempo de Córdoba o San Sebastián -que dispusieron además de una dirección mucho más profesionalizada-, nuestra candidatura, la de Las Palmas de Gran Canaria, fue improvisada a última hora, mal planificada y mal dirigida, además de mal dotada económicamente, una mera apuesta electoralista de un gobierno municipal a quien la ciudadanía puso nota, un rotundo suspenso, el 22 de mayo? Y que no teníamos, y lo sabían, la menor opción de ganar.

Pero lo más sencillo era despejar el balón, cuestionar el veredicto del jurado, aprovechando el cambio de alcaldía en San Sebastián, aunque ello supusiera poner al pie de los caballos el proyecto de Odón Elorza y despreciar a la pluralidad humana, ideológica y política (recordando que el 76% de los electores donostiarras no votaron a Bildu) que constituye la ciudadanía de la urbe ganadora, que está muy por encima de quien circunstancialmente gobierne.

Curiosamente, el ex alcalde Elorza ("La ciudad necesitaba dos cosas: ilusión colectiva y elementos de confianza para conseguir una paz digna") y Antonio Basagoiti, máximo dirigente del PP vasco (pidiendo que no se castigara doblemente a los donostiarras), han realizado unos discursos mucho más mesurados y racionales, en las antípodas de los disparates de muchos de sus compañeros, socialistas y conservadores, en el resto del Estado; y de numerosos periodistas, también.

No obvio el problema de las dudas que suscita Bildu y los interrogantes sobre cómo va a desarrollar el proyecto ganador de la capitalidad cultural europea, que se apoyó en el lema ‘Olas de energía ciudadana. Cultura para la convivencia’. Mucho van a tener que aprender y, sobre todo, cambiar en sus pensamientos y prácticas, para evitar sus tics más excluyentes y esquemáticos, que poco tienen que ver con un nacionalismo acogedor e integrador.

Pero no es menos cierto que pocas lecciones pueden dar quienes, desde su mal perder, estos días han mostrado un comportamiento pueblerino, ombliguista, irracional, mezquino y políticamente manipulador y sectario. Un comportamiento que sólo alimenta las bajas pasiones y la ‘vascofobia’, y que se aleja de cualquier atisbo de reflexión constructiva y crítica. Lo que, en definitiva, les descalifica para ser distinguidos con medalla cultural alguna.

Enrique Bethencourt

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miércoles, 15 de junio de 2011

¿Indignados o complacientes?

Considero imprescindible la rebeldía frente al actual estado de cosas. No es razonable permanecer impasibles frente a los 300.000 parados que tenemos en las Islas. Ni considerar normal el 50% de desempleo juvenil, invitación a la desesperanza y a la emigración, como antaño.

No es de recibo este sistema electoral canario profundamente antidemocrático, ni estos apaños que hacen ganadores a los perdedores y perdedores a los que obtuvieron mayor apoyo ciudadano. Ni natural la progresiva descapitalización de los servicios públicos, claves para alcanzar mayores niveles de equidad, por parte de quienes tienen el recurso a la educación y a la sanidad privadas.

Aunque fuera sólo por eso habría que saludar el movimiento social iniciado el 15-M que dio lugar después a los campamentos de los indignados, una heterogénea movilización de rechazo a los muchos males de esta democracia imperfecta y de este capitalismo con rostro cada vez más inhumano.

Tiene el valor que tiene, como tuvo su limitado valor las movilizaciones sindicales contra la reforma laboral y el conjunto de medidas antisociales adoptadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Realizadas en el peor momento, sin perspectiva alguna de alcanzar los objetivos de frenarlas, con gente desmoralizada o enfadada con la actitud ante la crisis de los sindicatos, así como otras muchas personas temerosas de perder su puesto de trabajo si apoyaban la huelga.

En este caso, el del 15-M, nos encontramos ante las incógnitas que abre un movimiento de nuevo tipo, que no sabemos cómo seguirá avanzando o si se consolidará o no como una fuerza social con peso, con amplios apoyos ciudadanos.

Pero los indignados no me hacen olvidar que gran parte de la ciudadanía no parece estarlo tanto, por mucho que los estudios sociológicos digan que son mayoría los que comprenden e incluso comparten las razones de los acampados.

En Canarias, sin ir más lejos, lo confirman, en mi opinión, los datos de las recientes elecciones autonómicas y locales.

Los partidos que han apoyado la reforma laboral, la congelación de las pensiones y las otras medidas de recorte social en el Congreso de los Diputados y el Senado (PSOE y CC), junto al que ha estado de acuerdo con todas ellas (las votara favorablemente o no) y, si pudiera, introduciría decisiones aún más antisociales, el PP, suman en conjunto el 77,71% de los votos, unas 700.000 personas, y suponen, en escaños, el 95% del Parlamento de Canarias.

Los que se oponen a las mismas, significan poco más de 135.000 votos, los 82.318 de NC (la única con presencia en el Parlamento, con tres escaños), los 19.372 de ACSSP, los 18.777 de Los Verdes y el más disgregado de pequeñas y variadas formaciones. Aún sumando blancos y nulos -que pueden obedecer a razones muy diversas, que nadie se los apunte a su particular bolsa- y que en esta ocasión llegaron a las 50.000 papeletas, son menos, muchos menos, que los aparentemente conformes con las políticas que se vienen aplicando.

Pero es más, las formaciones que integraron el Gobierno de Canarias en casi toda la legislatura, PP y CC, responsables del empleo (o del galopante paro, como prefieran), la educación, la sanidad, la dependencia o las energías (no) renovables en nuestras Islas, aúnan 514.564 papeletas, el 56,93%.

Y suponen, con sus 42 diputados, el 70% de la cámara autonómica. Lo que parece indicar, guste más o menos, un refrendo a las políticas que se han venido aplicando estos años.

No pretendo ser pesimista ni derrotista, sino pisar tierra, saber dónde y cómo estamos, que es la mejor manera de afrontar una realidad harto compleja, una situación muy difícil para todos los hombres y mujeres que pensamos en claves de mayor equidad social, de más democracia y menos poder omnímodo de los mercados, y que hoy somos minoría.

Lo otro, el no reconocer el profundo conservadurismo que anida en esta sociedad, el amplio consenso social que rodea a los que han puesto en marcha y/o han apoyado de forma entusiasta esta demolición controlada del Estado del Bienestar, así como la enorme debilidad de quienes se oponen al actual programa neoliberal, no conduce a ninguna parte. Salvo a la melancolía.

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martes, 31 de mayo de 2011

El PSC-PSOE y los pactos (2007-2011)

A finales de mayo y en los primeros días de junio de 2007 recibí varios sms de amigos socialistas que me invitaban a participar en una concentración en el parque de Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria, para mostrar el rechazo ciudadano al inminente pacto entre CC y PP.

Consideraban (olvidando, por cierto, lo que sucedía en Cataluña, con el tripartito, o en Baleares; y obviando lo que pocos días después iba a suceder en el Cabildo Insular de Gran Canaria) que debía gobernar la fuerza más votada y con más escaños, en ese momento el PSOE juanfernandino, y que no era de recibo el pacto entre perdedores, el que encabezaban Rivero y Soria.

Mostré entonces mi absoluta decepción y contrariedad, en un artículo titulado ‘No es eso, pásalo’, en el que señalaba que el acuerdo que se iba a establecer, al margen de gustos, “es absolutamente legítimo y que, como demócrata, tengo que respetarlo, aunque no lo comparta”.

Decía entonces, y reitero hoy, que antes que nacionalistas, socialistas o ecologistas, “somos, debemos ser, demócratas. Por eso, hay que saber respetar lo que la ciudadanía decide en las urnas y, también, los posteriores pactos que se produzcan en el ámbito municipal, insular y nacional canario. En ese sentido, desde mi convicción de que ese presunto nuevo Gobierno no va a abordar con determinación ni a resolver los problemas de Canarias, pero también desde mi profundo respeto por las reglas de juego democráticas, no estaré en esa concentración y animo a las personas críticas a que tampoco caigan en la trampa. Pásalo”.

Es lo mismo que haré ahora, resuélvase como se resuelva el pacto para gobernar Canarias. Tanto si pactan PP y PSOE, harto improbable, como si se reedita el clásico entendimiento entre CC y el PP, como si, tal y como apuntan todos los datos desde hace varios meses, son José Miguel Pérez y Paulino Rivero los encargados de rubricar el texto del acuerdo.

Al igual que hace cuatro años, todo parece indicar que no va a gobernar quien recibió más apoyo popular en las urnas y que, como en aquel momento, segunda y tercera fuerza política constituirán un Ejecutivo que no creo que supere la prueba de fuego de las cada vez más inmediatas elecciones generales.

Gobierno legítimo, como el de entonces, por más que uno pueda tener dudas de que responda a las auténticas necesidades de estas Islas y que contribuya a resolver sus graves problemas, que son muchos. Por diversas razones, entre ellas el penoso espectáculo que estos días unos y otros, socialistas y coalicioneros, coalicioneros y socialistas, han dado respecto a los pactos: ni una palabra de programa, acciones políticas o prioridades, sólo reparto de puestos en ayuntamientos, cabildos y Gobierno. Contribuyendo a alimentar la legión de indignados, dentro y fuera de las acampadas.

Como ven, se parece, muy mucho, a lo sucedido tras los comicios autonómicos de 2007. Eso sí, estoy convencido de que, en esta ocasión, mis amigos socialistas, influidos por la profunda crisis económica, entregados a las políticas de ajuste, se ahorrarán el gasto y no me enviarán un mensaje de móvil sobre las maldades intrínsecas del Gobierno de los perdedores y la necesidad de movilizarse públicamente contra él. Repásalo.

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lunes, 2 de mayo de 2011

Rivero se equivocó ‘sólo’ en 78.000

Lanzándose a la piscina sin medir la profundidad del agua, el presidente Rivero y sus consejeros de desEmpleo, Jorge Rodríguez y Marimar Julios, nos aseguraron a final del pasado año que el Gobierno canario generaría 80.000 empleos antes de las elecciones de mayo.

Hecho que ha sido fielmente confirmado en todos sus términos, no podría ser menos, por la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al primer trimestre del año, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el viernes 29 de abril.

Sólo, es un decir, que con un ‘pequeño desfase’ de apenas 78.000 menos sobre la cifra prometida a bombo y platillo. Porque el Archipiélago pasó de los 314.400 parados de la EPA de diciembre de 2010 a los 312.400 de marzo de 2011, lo que supone el 28,5% de la población activa.

Unos 2.000 parados menos, no 80.000. Y eso que el primer trimestre ha sido excelente en materia turística, el mejor de los últimos diez años, gracias a la recuperación de la economía alemana y al desvío de turistas por la crisis de los países árabes.

Ante el notable éxito de las medidas contra el desempleo puestas en marcha por el Ejecutivo canario no sé si deberían proponer a sus dirigentes para que se les conceda el premio Nobel de Economía. Aunque creo que se merecen más, mucho más, el galardón de publicidad y propaganda.

Porque cuando hicieron el singular anuncio, algunos señalábamos que iba en contra de las previsiones expuestas por CEOE Tenerife, nada sospechosa de estar constituida por rojos anti ATI, señalando la organización empresarial y su líder, José Carlos Francisco, que nos mantendríamos en torno a los 300.000 parados a lo largo de todo el año.

Y que, en la mejor de las perspectivas, se crearían de 10.000 a 15.000 empleos en todo el año 2011. Nunca los 80.000 prometidos por el Ejecutivo para sus cinco primeros meses, que se convertía en un engaño que, tarde o temprano, quedaría desenmascarado. Como así ha sido.

Pero es más. En los propios Presupuestos de la Comunidad Autónoma de Canarias para 2011, elaborados por el tándem Soria-Rivero y aprobados en diciembre por el Parlamento canario, reconocen una previsión de crecimiento económico en torno al 1% para el presente año y señalan que el desempleo permanecerá en nuestra Comunidad estable en 2011 y que, a lo sumo, se reducirá alguna décima, lo que equivale a la preocupante estabilidad en torno a los 300.000 parados. Como la realidad y los datos se empeñan en confirmar.

Cuando se hace público un dato positivo, en este o en otros asuntos, el Gobierno canario se apunta inmediatamente el tanto.

Cuando es negativo, responsabiliza a los errores del Gobierno de Zapatero, a los inmigrantes o a la mala interpretación externa de las muy singulares singularidades canarias.

No sé qué harán en esta ocasión en que la tozuda realidad, una vez más, desmonta por completo sus burdas campañas publicitarias en un tema que exigiría mayor rigor y responsabilidad; y, por el contrario, ninguna falseadora propaganda ‘electoralera’. Al menos por un mínimo respeto a todos los que sufren, día a día, el enorme drama de no encontrar trabajo.

Enrique Bethencourt

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lunes, 25 de abril de 2011

Soria y los analistas

Cuando el hasta entonces vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, anunció el abandono de su partido del Gobierno canario, en el pasado mes de octubre, numerosos analistas políticos se echaron las manos a la cabeza y escribieron barrancos de tinta sobre lo que consideraban como un “grave error estratégico” del líder de los populares canarios; alguno incluso sentó cátedra sobre el suicidio político que supondría para Soria su adiós al Ejecutivo que compartía con CC, lo que, decían, le pasaría una cuantiosa factura en las urnas.

Me pareció entonces que había escasez de análisis y que la decisión no era en modo alguno una infantil pataleta, una frivolidad, sino una fría y calculada actitud de alejamiento de Rivero y los suyos, aprovechando el apoyo de Coalición a los Presupuestos Generales del Estado y al conjunto de políticas de Zapatero. Y que Soria se encontraba más vivo y más activo que nunca.

Es cierto que el PP no puede escaparse de las responsabilidades compartidas con CC durante sus más de tres años de Gobierno conjunto: desde los pésimos resultados de la financiación autonómica a la absoluta inoperancia del Ejecutivo para frenar las consecuencias de la crisis económica en el Archipiélago, con esos 314.000 parados que señalaba la EPA de diciembre de 2010, pasando por los problemas de los servicios públicos o las malas relaciones con los cabildos insulares. Pero han desarrollado todas sus habilidades para tratar de no aparecer como corresponsables de los numerosos desastres de este Gobierno que nació en 2007.

A las puertas de las elecciones del 22 de mayo parece que las cosas no le van muy mal al PP y a su máximo dirigente en el Archipiélago. Las encuestas apuntan a una victoria en votos y, muy posiblemente, en escaños, lo que les convertiría en el primer grupo en el Parlamento canario.

Los sondeos señalan que su partido crece en la práctica totalidad de los territorios (al igual que Nueva Canarias, mientras retroceden socialistas y coalicioneros con relación a los anteriores comicios) y, de manera significativa, en Tenerife, donde podría mejorar mucho su presencia en municipios, sobre todo en Santa Cruz, y en el propio cabildo; curiosamente, todo apunta a un crecimiento menos relevante cuantitativamente en Gran Canaria, porque sus resultados anteriores ya fueron altos, por su todavía débil presencia en algunos de sus municipios y porque las candidaturas al ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y al Cabildo no parecen haber despertado demasiado entusiasmo ciudadano.

Los conservadores pueden ser, por primera vez, el principal partido en el ámbito autonómico –aunque es verdad que con escasa diferencia favorable en número de escaños respecto a los otros- , aunque eso no les garantice presidir la Comunidad, como ya le ocurriera al triunfante PSOE ‘juanfernandino’ en 2007, antes de que su breve líder saliera como un escoplo de estas ínsulas. Unas circunstancias, las del posible triunfo ‘pepero’, en las que influye la ola estatal, no les quepa duda, y el desgaste de una CC con la que comparten espacio de centro derecha, como se observa cuando comparamos los comportamientos de los votantes en elecciones generales y autonómicas.

En definitiva, los columnistas varios que ‘enterraron’ tan prematuramente a Soria pueden anular su más que precipitado funeral político y levantar acta de su resurrección; o, sencillamente, realizar una serena autocrítica de sus sesgados y poco sustentados análisis, que no es lo mismo pero es igual.

Enrique Bethencourt

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lunes, 11 de abril de 2011

Por la Izquierda, hacia ninguna parte

Resulta todo un espectáculo, escasamente gratificante por cierto, las relaciones entre la autodenominada izquierda canaria, exclusivo club integrado fundamentalmente por pequeñas formaciones sin representación en las instituciones, junto a alguna que aglutina media docena de concejales.


El dirigente de IU Ramón Trujillo denunció recientemente el “cainismo” de la izquierda y se quedó corto, si tenemos en cuenta los improperios que ha recibido por su acuerdo con Los Verdes y Socialistas por Tenerife para concurrir juntos a ayuntamientos y Cabildo, que ha puesto muy nerviosos a quienes querían patrimonializar ese espacio político; alguno de ‘Sí se Puede’ incluso se ha permitido acusarle por lo que, pitoniso él, cree que Trujillo hará en el futuro; imputación preventiva, a lo George Bush.

No es nada nuevo, ciertamente, este tipo de poco saludable comportamiento en la izquierda canaria. Sucede así desde hace, al menos, 30 años, pero tras tres décadas cabía esperar que empezara a modificarse el guión y a ser sustituidos los protagonistas.

Nada de eso, que inventen otros. Sus publicaciones o los artículos de opinión de sus dirigentes o portavoces (algunos pomposos integrantes de desnutridos comités centrales; otros entusiastas defensores de candidatos del PSC-PSOE en las elecciones de 2007, los más conservadores por cierto, comparen la lista de los “abajo firmantes” ayer y hoy; junto a unos sindicalistas, al menos me reconocerán que curiosos, que defienden a ultranza a los pobres controladores aéreos, los de los 350.000 euros al año, ahora rebajados a 200.000, convertidos en venerados mártires del capitalismo neoliberal) no tienen el menor desperdicio. Lo que difunden en diversos medios constituye una síntesis de autoafirmación en las posiciones propias, las únicas correctas, las únicas que responden a un análisis marxista ortodoxo de la realidad canaria.

Aderezadas, eso sí, con un rosario de insultos a los otros, ya sean de las izquierdas que tienen más apoyo social o de pequeños grupos que compiten en el mismo y, por lo que se ve, minado campo.

En algunos casos recurren, incluso, a poco disimulados ataques xenófobos a los adversarios políticos, pensando, quizás, que a falta de ideas, buenas son tortas. Al mismo tiempo, colectivos que juntos no agrupan a más de medio millar de personas en todo el Archipiélago, son capaces de defender distintos proyectos de unidad de la izquierda, irreconciliables y antagónicos, con el obstáculo insalvable que supone saberse propietarios de la verdad verdadera, pero rodeados de herejes, traidores, reformistas y vendidos al capital, aunque, pensarán, lo hagan bajo la piel de cordero de cualquier forma de progresismo.

De sus interminables debates, de sus enfrentamientos históricos, de su eterno y total alejamiento de la realidad, surgirán, una vez más, dos o tres alternativas de cara a los comicios autonómicos y locales de mayo de 2011, parapetadas tras frentes unitarios o unidades populares, que se convierten en un calco de aquella escena de ‘La Vida de Brian’ en la que se ponían de vuelta y media los del Frente Judaico Popular con los del Frente Popular de Judea, en la que los geniales Monty Pithon tan bien retratan el secular sectarismo de la izquierda.

Como digo, veremos dos o tres candidaturas “unitarias” de, desde, en, entre, hacia, hasta para, por, según la izquierda a ayuntamientos, cabildos y Parlamento de Canarias. Concurrencia a los comicios que suscitará nulo interés por parte del pueblo al que se dirigen y tratan de representar y orientar por el buen camino, no alcanzando ninguna de ellas más allá del 1 o el 2% de los sufragios ciudadanos.

Mientras, piensan, afirman y publican que las otras izquierdas, las que obtienen apoyos significativos en las urnas, se mueven hacia la derecha, pero no se dan cuenta de que ellos no se mueven, no se han movido desde los inicios de la transición, como si nada hubiese ocurrido en Canarias y en el mundo en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va de siglo XXI. Paralizados, tal vez, por su pesada mochila ideológica cargada de certezas y en la que no hay espacio para las dudas; y cuando lo hacen, cuando se mueven, se dirigen, indefectiblemente, hacia ninguna parte.

Pero seguro que, tras el nuevo batacazo que sufrirán el 22 de mayo, erre que erre, inasequibles al desaliento, concluirán que los equivocados son los hombres y mujeres de este pueblo. Un pueblo que carece del suficiente discernimiento, de la necesaria capacidad, para entender y apoyar el ilusionante mensaje izquierdista de ese puñado de mesías laicos.

Y es que, como decía irónicamente Bertolt Brecht, si el partido está decepcionado con el pueblo, no le va a quedar más remedio que tratar de cambiar de pueblo. Si se puede, claro.

Enrique Bethencourt

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viernes, 25 de marzo de 2011

¡Tiembla, Finlandia!

La responsable de la cartera de Educación de Finlandia, Henna Virkkunen, entró cabizbaja al despacho de la primer ministro del país, Mari Kiviniemi. Sin apenas pronunciar palabra, entregó un sobre que contenía una breve carta en la que exponía las razones que le habían llevado a plantear su dimisión irrevocable al frente del departamento.

“Nuestro estancamiento es evidente”, señaló. “En apenas seis meses hemos perdido nuestro lugar de privilegio al frente de la Educación en Europa. Asumo el fracaso y doy un paso atrás para que alguien, con más fuerza, con mejores ideas, con nuevos proyectos, nos coloque nuevamente a la cabeza de la calidad educativa, un liderazgo del que estábamos muy orgullosos y que nunca debimos perder”, añadió.

“Es más doloroso, si cabe, que una pequeña comunidad turística española, que hasta ayer presentaba unos muy negativos parámetros educativos, con altas tasas de fracaso y de abandono escolar prematuro, muy por encima de las españolas y europeas, nos haya arrasado en un solo curso escolar; y, lo que es más llamativo, disminuyendo presupuestos, recortando plantillas y eliminando especialistas. Un verdadero milagro, a coste cero”, continuó.

La ministra Virkkunen expuso su asombro ante el singular hecho de que partiendo de una situación de evidente retraso respecto a la media de la Unión Europea, con dos puntos menos del PIB destinados a Educación que Finlandia, sin afrontar cambios en la formación de los docentes, sin abordar las imprescindibles reformas en el sistema ni implantar nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje, Canary Islands se lograra colocar, según anunció su primer ministro Rivero en sede parlamentaria, a la cabeza de la Educación europea.

Kiviniemi, hasta entonces silenciosa, quiso animar a la integrante de su gabinete, a la que consideraba una de sus mejores ministras. “No todo está perdido. Podemos saber lo que ha ocurrido y actuar en consecuencia. He solicitado un informe urgente a nuestro consulado en Las Palmas de Gran Canaria sobre qué puede haber detrás de este salto educativo. Es más detallado de lo que necesitaba y, en ocasiones, se va por las ramas, pero creo que nos puede indicar las razones profundas de esa transformación en tan poco tiempo”.
La primer ministra explicó que los responsables políticos canarios achacaban el radical cambio a la apertura temprana de los centros educativos, facilitada sin duda por el buen clima de las Islas, nada parecido a las temperaturas que se padecen en la gélida Finlandia. Y, al parecer, al refuerzo educativo de tarde, aunque este sólo llegue a una parte del alumnado con dificultades.

“Pero contrasta, según el informe del consulado, con un curso escolar en el que centenares de colegios e institutos se quejan por la falta de profesores cuando los titulares están de baja, incluso más de un mes; y en el que han eliminado trabajadores sociales en los centros y disminuido psicólogos y orientadores, por lo que cabría colegir un empeoramiento, nunca una mejora”.

Kiviniemi prosiguió señalando una curiosidad: el informe consular apuntaba a una presunta tergiversación de los datos reales, mucho más negativos, por el interés propagandístico del Gobierno del Archipiélago ante las elecciones que afrontaba a finales de mayo. “Esto resulta inverosímil. Ningún Gobierno democrático hace propaganda y maquilla la situación educativa, por muchas elecciones que haya. Solicitaré un informe más preciso a la embajada en Madrid. Ruego, señora Virkkunen, que hasta entonces no haga efectiva su dimisión”.

Mientras, a 4.683 kilómetros de Helsinki, Rivero se regocijaba de su última ocurrencia, con la que cerraba las sesiones de la VIIª legislatura y se lanzaba a la inminente confrontación en las urnas. La próxima genialidad podría ser negar la existencia de paro en la Comunidad o asegurar que las personas dependientes tienen un exceso de atenciones y encima, desagradecidos, se quejan.

La educación y sus sobrevenidos éxitos había sido un buen y prometedor comienzo.

“¡Tiembla, Finlandia!”, exclamó mientras exhibía la mejor de sus electorales sonrisas.

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