martes, 31 de mayo de 2011

El PSC-PSOE y los pactos (2007-2011)

A finales de mayo y en los primeros días de junio de 2007 recibí varios sms de amigos socialistas que me invitaban a participar en una concentración en el parque de Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria, para mostrar el rechazo ciudadano al inminente pacto entre CC y PP.

Consideraban (olvidando, por cierto, lo que sucedía en Cataluña, con el tripartito, o en Baleares; y obviando lo que pocos días después iba a suceder en el Cabildo Insular de Gran Canaria) que debía gobernar la fuerza más votada y con más escaños, en ese momento el PSOE juanfernandino, y que no era de recibo el pacto entre perdedores, el que encabezaban Rivero y Soria.

Mostré entonces mi absoluta decepción y contrariedad, en un artículo titulado ‘No es eso, pásalo’, en el que señalaba que el acuerdo que se iba a establecer, al margen de gustos, “es absolutamente legítimo y que, como demócrata, tengo que respetarlo, aunque no lo comparta”.

Decía entonces, y reitero hoy, que antes que nacionalistas, socialistas o ecologistas, “somos, debemos ser, demócratas. Por eso, hay que saber respetar lo que la ciudadanía decide en las urnas y, también, los posteriores pactos que se produzcan en el ámbito municipal, insular y nacional canario. En ese sentido, desde mi convicción de que ese presunto nuevo Gobierno no va a abordar con determinación ni a resolver los problemas de Canarias, pero también desde mi profundo respeto por las reglas de juego democráticas, no estaré en esa concentración y animo a las personas críticas a que tampoco caigan en la trampa. Pásalo”.

Es lo mismo que haré ahora, resuélvase como se resuelva el pacto para gobernar Canarias. Tanto si pactan PP y PSOE, harto improbable, como si se reedita el clásico entendimiento entre CC y el PP, como si, tal y como apuntan todos los datos desde hace varios meses, son José Miguel Pérez y Paulino Rivero los encargados de rubricar el texto del acuerdo.

Al igual que hace cuatro años, todo parece indicar que no va a gobernar quien recibió más apoyo popular en las urnas y que, como en aquel momento, segunda y tercera fuerza política constituirán un Ejecutivo que no creo que supere la prueba de fuego de las cada vez más inmediatas elecciones generales.

Gobierno legítimo, como el de entonces, por más que uno pueda tener dudas de que responda a las auténticas necesidades de estas Islas y que contribuya a resolver sus graves problemas, que son muchos. Por diversas razones, entre ellas el penoso espectáculo que estos días unos y otros, socialistas y coalicioneros, coalicioneros y socialistas, han dado respecto a los pactos: ni una palabra de programa, acciones políticas o prioridades, sólo reparto de puestos en ayuntamientos, cabildos y Gobierno. Contribuyendo a alimentar la legión de indignados, dentro y fuera de las acampadas.

Como ven, se parece, muy mucho, a lo sucedido tras los comicios autonómicos de 2007. Eso sí, estoy convencido de que, en esta ocasión, mis amigos socialistas, influidos por la profunda crisis económica, entregados a las políticas de ajuste, se ahorrarán el gasto y no me enviarán un mensaje de móvil sobre las maldades intrínsecas del Gobierno de los perdedores y la necesidad de movilizarse públicamente contra él. Repásalo.

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lunes, 2 de mayo de 2011

Rivero se equivocó ‘sólo’ en 78.000

Lanzándose a la piscina sin medir la profundidad del agua, el presidente Rivero y sus consejeros de desEmpleo, Jorge Rodríguez y Marimar Julios, nos aseguraron a final del pasado año que el Gobierno canario generaría 80.000 empleos antes de las elecciones de mayo.

Hecho que ha sido fielmente confirmado en todos sus términos, no podría ser menos, por la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al primer trimestre del año, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el viernes 29 de abril.

Sólo, es un decir, que con un ‘pequeño desfase’ de apenas 78.000 menos sobre la cifra prometida a bombo y platillo. Porque el Archipiélago pasó de los 314.400 parados de la EPA de diciembre de 2010 a los 312.400 de marzo de 2011, lo que supone el 28,5% de la población activa.

Unos 2.000 parados menos, no 80.000. Y eso que el primer trimestre ha sido excelente en materia turística, el mejor de los últimos diez años, gracias a la recuperación de la economía alemana y al desvío de turistas por la crisis de los países árabes.

Ante el notable éxito de las medidas contra el desempleo puestas en marcha por el Ejecutivo canario no sé si deberían proponer a sus dirigentes para que se les conceda el premio Nobel de Economía. Aunque creo que se merecen más, mucho más, el galardón de publicidad y propaganda.

Porque cuando hicieron el singular anuncio, algunos señalábamos que iba en contra de las previsiones expuestas por CEOE Tenerife, nada sospechosa de estar constituida por rojos anti ATI, señalando la organización empresarial y su líder, José Carlos Francisco, que nos mantendríamos en torno a los 300.000 parados a lo largo de todo el año.

Y que, en la mejor de las perspectivas, se crearían de 10.000 a 15.000 empleos en todo el año 2011. Nunca los 80.000 prometidos por el Ejecutivo para sus cinco primeros meses, que se convertía en un engaño que, tarde o temprano, quedaría desenmascarado. Como así ha sido.

Pero es más. En los propios Presupuestos de la Comunidad Autónoma de Canarias para 2011, elaborados por el tándem Soria-Rivero y aprobados en diciembre por el Parlamento canario, reconocen una previsión de crecimiento económico en torno al 1% para el presente año y señalan que el desempleo permanecerá en nuestra Comunidad estable en 2011 y que, a lo sumo, se reducirá alguna décima, lo que equivale a la preocupante estabilidad en torno a los 300.000 parados. Como la realidad y los datos se empeñan en confirmar.

Cuando se hace público un dato positivo, en este o en otros asuntos, el Gobierno canario se apunta inmediatamente el tanto.

Cuando es negativo, responsabiliza a los errores del Gobierno de Zapatero, a los inmigrantes o a la mala interpretación externa de las muy singulares singularidades canarias.

No sé qué harán en esta ocasión en que la tozuda realidad, una vez más, desmonta por completo sus burdas campañas publicitarias en un tema que exigiría mayor rigor y responsabilidad; y, por el contrario, ninguna falseadora propaganda ‘electoralera’. Al menos por un mínimo respeto a todos los que sufren, día a día, el enorme drama de no encontrar trabajo.

Enrique Bethencourt

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lunes, 25 de abril de 2011

Soria y los analistas

Cuando el hasta entonces vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, anunció el abandono de su partido del Gobierno canario, en el pasado mes de octubre, numerosos analistas políticos se echaron las manos a la cabeza y escribieron barrancos de tinta sobre lo que consideraban como un “grave error estratégico” del líder de los populares canarios; alguno incluso sentó cátedra sobre el suicidio político que supondría para Soria su adiós al Ejecutivo que compartía con CC, lo que, decían, le pasaría una cuantiosa factura en las urnas.

Me pareció entonces que había escasez de análisis y que la decisión no era en modo alguno una infantil pataleta, una frivolidad, sino una fría y calculada actitud de alejamiento de Rivero y los suyos, aprovechando el apoyo de Coalición a los Presupuestos Generales del Estado y al conjunto de políticas de Zapatero. Y que Soria se encontraba más vivo y más activo que nunca.

Es cierto que el PP no puede escaparse de las responsabilidades compartidas con CC durante sus más de tres años de Gobierno conjunto: desde los pésimos resultados de la financiación autonómica a la absoluta inoperancia del Ejecutivo para frenar las consecuencias de la crisis económica en el Archipiélago, con esos 314.000 parados que señalaba la EPA de diciembre de 2010, pasando por los problemas de los servicios públicos o las malas relaciones con los cabildos insulares. Pero han desarrollado todas sus habilidades para tratar de no aparecer como corresponsables de los numerosos desastres de este Gobierno que nació en 2007.

A las puertas de las elecciones del 22 de mayo parece que las cosas no le van muy mal al PP y a su máximo dirigente en el Archipiélago. Las encuestas apuntan a una victoria en votos y, muy posiblemente, en escaños, lo que les convertiría en el primer grupo en el Parlamento canario.

Los sondeos señalan que su partido crece en la práctica totalidad de los territorios (al igual que Nueva Canarias, mientras retroceden socialistas y coalicioneros con relación a los anteriores comicios) y, de manera significativa, en Tenerife, donde podría mejorar mucho su presencia en municipios, sobre todo en Santa Cruz, y en el propio cabildo; curiosamente, todo apunta a un crecimiento menos relevante cuantitativamente en Gran Canaria, porque sus resultados anteriores ya fueron altos, por su todavía débil presencia en algunos de sus municipios y porque las candidaturas al ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y al Cabildo no parecen haber despertado demasiado entusiasmo ciudadano.

Los conservadores pueden ser, por primera vez, el principal partido en el ámbito autonómico –aunque es verdad que con escasa diferencia favorable en número de escaños respecto a los otros- , aunque eso no les garantice presidir la Comunidad, como ya le ocurriera al triunfante PSOE ‘juanfernandino’ en 2007, antes de que su breve líder saliera como un escoplo de estas ínsulas. Unas circunstancias, las del posible triunfo ‘pepero’, en las que influye la ola estatal, no les quepa duda, y el desgaste de una CC con la que comparten espacio de centro derecha, como se observa cuando comparamos los comportamientos de los votantes en elecciones generales y autonómicas.

En definitiva, los columnistas varios que ‘enterraron’ tan prematuramente a Soria pueden anular su más que precipitado funeral político y levantar acta de su resurrección; o, sencillamente, realizar una serena autocrítica de sus sesgados y poco sustentados análisis, que no es lo mismo pero es igual.

Enrique Bethencourt

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lunes, 11 de abril de 2011

Por la Izquierda, hacia ninguna parte

Resulta todo un espectáculo, escasamente gratificante por cierto, las relaciones entre la autodenominada izquierda canaria, exclusivo club integrado fundamentalmente por pequeñas formaciones sin representación en las instituciones, junto a alguna que aglutina media docena de concejales.


El dirigente de IU Ramón Trujillo denunció recientemente el “cainismo” de la izquierda y se quedó corto, si tenemos en cuenta los improperios que ha recibido por su acuerdo con Los Verdes y Socialistas por Tenerife para concurrir juntos a ayuntamientos y Cabildo, que ha puesto muy nerviosos a quienes querían patrimonializar ese espacio político; alguno de ‘Sí se Puede’ incluso se ha permitido acusarle por lo que, pitoniso él, cree que Trujillo hará en el futuro; imputación preventiva, a lo George Bush.

No es nada nuevo, ciertamente, este tipo de poco saludable comportamiento en la izquierda canaria. Sucede así desde hace, al menos, 30 años, pero tras tres décadas cabía esperar que empezara a modificarse el guión y a ser sustituidos los protagonistas.

Nada de eso, que inventen otros. Sus publicaciones o los artículos de opinión de sus dirigentes o portavoces (algunos pomposos integrantes de desnutridos comités centrales; otros entusiastas defensores de candidatos del PSC-PSOE en las elecciones de 2007, los más conservadores por cierto, comparen la lista de los “abajo firmantes” ayer y hoy; junto a unos sindicalistas, al menos me reconocerán que curiosos, que defienden a ultranza a los pobres controladores aéreos, los de los 350.000 euros al año, ahora rebajados a 200.000, convertidos en venerados mártires del capitalismo neoliberal) no tienen el menor desperdicio. Lo que difunden en diversos medios constituye una síntesis de autoafirmación en las posiciones propias, las únicas correctas, las únicas que responden a un análisis marxista ortodoxo de la realidad canaria.

Aderezadas, eso sí, con un rosario de insultos a los otros, ya sean de las izquierdas que tienen más apoyo social o de pequeños grupos que compiten en el mismo y, por lo que se ve, minado campo.

En algunos casos recurren, incluso, a poco disimulados ataques xenófobos a los adversarios políticos, pensando, quizás, que a falta de ideas, buenas son tortas. Al mismo tiempo, colectivos que juntos no agrupan a más de medio millar de personas en todo el Archipiélago, son capaces de defender distintos proyectos de unidad de la izquierda, irreconciliables y antagónicos, con el obstáculo insalvable que supone saberse propietarios de la verdad verdadera, pero rodeados de herejes, traidores, reformistas y vendidos al capital, aunque, pensarán, lo hagan bajo la piel de cordero de cualquier forma de progresismo.

De sus interminables debates, de sus enfrentamientos históricos, de su eterno y total alejamiento de la realidad, surgirán, una vez más, dos o tres alternativas de cara a los comicios autonómicos y locales de mayo de 2011, parapetadas tras frentes unitarios o unidades populares, que se convierten en un calco de aquella escena de ‘La Vida de Brian’ en la que se ponían de vuelta y media los del Frente Judaico Popular con los del Frente Popular de Judea, en la que los geniales Monty Pithon tan bien retratan el secular sectarismo de la izquierda.

Como digo, veremos dos o tres candidaturas “unitarias” de, desde, en, entre, hacia, hasta para, por, según la izquierda a ayuntamientos, cabildos y Parlamento de Canarias. Concurrencia a los comicios que suscitará nulo interés por parte del pueblo al que se dirigen y tratan de representar y orientar por el buen camino, no alcanzando ninguna de ellas más allá del 1 o el 2% de los sufragios ciudadanos.

Mientras, piensan, afirman y publican que las otras izquierdas, las que obtienen apoyos significativos en las urnas, se mueven hacia la derecha, pero no se dan cuenta de que ellos no se mueven, no se han movido desde los inicios de la transición, como si nada hubiese ocurrido en Canarias y en el mundo en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va de siglo XXI. Paralizados, tal vez, por su pesada mochila ideológica cargada de certezas y en la que no hay espacio para las dudas; y cuando lo hacen, cuando se mueven, se dirigen, indefectiblemente, hacia ninguna parte.

Pero seguro que, tras el nuevo batacazo que sufrirán el 22 de mayo, erre que erre, inasequibles al desaliento, concluirán que los equivocados son los hombres y mujeres de este pueblo. Un pueblo que carece del suficiente discernimiento, de la necesaria capacidad, para entender y apoyar el ilusionante mensaje izquierdista de ese puñado de mesías laicos.

Y es que, como decía irónicamente Bertolt Brecht, si el partido está decepcionado con el pueblo, no le va a quedar más remedio que tratar de cambiar de pueblo. Si se puede, claro.

Enrique Bethencourt

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viernes, 25 de marzo de 2011

¡Tiembla, Finlandia!

La responsable de la cartera de Educación de Finlandia, Henna Virkkunen, entró cabizbaja al despacho de la primer ministro del país, Mari Kiviniemi. Sin apenas pronunciar palabra, entregó un sobre que contenía una breve carta en la que exponía las razones que le habían llevado a plantear su dimisión irrevocable al frente del departamento.

“Nuestro estancamiento es evidente”, señaló. “En apenas seis meses hemos perdido nuestro lugar de privilegio al frente de la Educación en Europa. Asumo el fracaso y doy un paso atrás para que alguien, con más fuerza, con mejores ideas, con nuevos proyectos, nos coloque nuevamente a la cabeza de la calidad educativa, un liderazgo del que estábamos muy orgullosos y que nunca debimos perder”, añadió.

“Es más doloroso, si cabe, que una pequeña comunidad turística española, que hasta ayer presentaba unos muy negativos parámetros educativos, con altas tasas de fracaso y de abandono escolar prematuro, muy por encima de las españolas y europeas, nos haya arrasado en un solo curso escolar; y, lo que es más llamativo, disminuyendo presupuestos, recortando plantillas y eliminando especialistas. Un verdadero milagro, a coste cero”, continuó.

La ministra Virkkunen expuso su asombro ante el singular hecho de que partiendo de una situación de evidente retraso respecto a la media de la Unión Europea, con dos puntos menos del PIB destinados a Educación que Finlandia, sin afrontar cambios en la formación de los docentes, sin abordar las imprescindibles reformas en el sistema ni implantar nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje, Canary Islands se lograra colocar, según anunció su primer ministro Rivero en sede parlamentaria, a la cabeza de la Educación europea.

Kiviniemi, hasta entonces silenciosa, quiso animar a la integrante de su gabinete, a la que consideraba una de sus mejores ministras. “No todo está perdido. Podemos saber lo que ha ocurrido y actuar en consecuencia. He solicitado un informe urgente a nuestro consulado en Las Palmas de Gran Canaria sobre qué puede haber detrás de este salto educativo. Es más detallado de lo que necesitaba y, en ocasiones, se va por las ramas, pero creo que nos puede indicar las razones profundas de esa transformación en tan poco tiempo”.
La primer ministra explicó que los responsables políticos canarios achacaban el radical cambio a la apertura temprana de los centros educativos, facilitada sin duda por el buen clima de las Islas, nada parecido a las temperaturas que se padecen en la gélida Finlandia. Y, al parecer, al refuerzo educativo de tarde, aunque este sólo llegue a una parte del alumnado con dificultades.

“Pero contrasta, según el informe del consulado, con un curso escolar en el que centenares de colegios e institutos se quejan por la falta de profesores cuando los titulares están de baja, incluso más de un mes; y en el que han eliminado trabajadores sociales en los centros y disminuido psicólogos y orientadores, por lo que cabría colegir un empeoramiento, nunca una mejora”.

Kiviniemi prosiguió señalando una curiosidad: el informe consular apuntaba a una presunta tergiversación de los datos reales, mucho más negativos, por el interés propagandístico del Gobierno del Archipiélago ante las elecciones que afrontaba a finales de mayo. “Esto resulta inverosímil. Ningún Gobierno democrático hace propaganda y maquilla la situación educativa, por muchas elecciones que haya. Solicitaré un informe más preciso a la embajada en Madrid. Ruego, señora Virkkunen, que hasta entonces no haga efectiva su dimisión”.

Mientras, a 4.683 kilómetros de Helsinki, Rivero se regocijaba de su última ocurrencia, con la que cerraba las sesiones de la VIIª legislatura y se lanzaba a la inminente confrontación en las urnas. La próxima genialidad podría ser negar la existencia de paro en la Comunidad o asegurar que las personas dependientes tienen un exceso de atenciones y encima, desagradecidos, se quejan.

La educación y sus sobrevenidos éxitos había sido un buen y prometedor comienzo.

“¡Tiembla, Finlandia!”, exclamó mientras exhibía la mejor de sus electorales sonrisas.

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martes, 15 de marzo de 2011

Una ciudadanía mejor representada

Señalaba en un artículo anterior de LA TIRADERA las consecuencias en la representatividad del voto ciudadano de nuestro actual sistema electoral, y recordaba que en las elecciones autonómicas de 2007 miles de votos habían pasado de la urna a la papelera.

Algo más de 150.000 en el conjunto de Canarias, un 16,3%. Pero también el 36% de los sufragios emitidos en Lanzarote o el 23% de los de Gran Canaria.

A los que habría que sumar –aunque es imposible medirlo- los de aquellas personas que, ante la restrictiva ley electoral del 30% de barrera insular, que es la circunscripción en el caso de la cámara canaria, y del 6% archipielágico, optaron por dar su voto a una segunda opción, aunque no fuera la que realmente les convencía más. O, simplemente, semejante disyuntiva los animó a abstenerse.

Recordaba, asimismo, que los sistemas democráticos en las comunidades autónomas o en los países de la Unión Europea se mueven en unas cláusulas de acceso entre el 3% y el 5%. En Canarias es del 5% para los cabildos y ayuntamientos, mientras que para el Congreso de los Diputados el porcentaje baja hasta el 3%.

Desgraciadamente, el arbitrario sistema electoral canario no ha podido ser modificado esta legislatura, rechazando CC y PP en el Parlamento la propuesta de bajar los topes al 5% insular, presentada por el entonces diputado socialista Santiago Pérez hace más de dos años.

La única forma de saltar esa injusta barrera con garantías en distintos territorios, permitiendo que partidos con un amplio apoyo ciudadano accedan al Parlamento, ha sido el establecimiento de acuerdos insulares entre fuerzas políticas de variado espectro; y, a la vez, el que éstas pudieran contar con un paraguas unificador en el conjunto de Canarias que posibilitara superar ampliamente la cláusula del 6%.

Parece que esta formulación ha sido bien recibida por la ciudadanía y que se traducirá en un Parlamento de Canarias mucho más plural y unos votantes mejor representados, conforme a sus auténticos deseos. Al menos eso reflejan distintas encuestas publicadas por Canarias7 y La Provincia/La Opinión, que plantean una cámara canaria sin mayorías aplastantes y con la presencia de hasta cinco fuerzas políticas, frente a las tres de la presente legislatura.

Además, el porcentaje de votos tirados a la papelera disminuye de forma más que significativa, lo que es una excelente noticia para cualquier demócrata. Así, en el sondeo de La Provincia/La Opinión, realizado por TSA, en Lanzarote se pasaría de aquel vergonzoso 36% a un 5,4%. En Gran Canaria, del 23% al 15,8%. Y en el conjunto de Canarias la suma de porcentajes de las fuerzas que pueden obtener representación alcanza el 93,3%, es decir, se disminuiría la ‘exclusión’ de votantes del 16,3% al 6,7%.

En la de Canarias7, el voto de las distintas fuerzas que accederían al Parlamento se movería en la horquilla 88%-92%, con lo que también disminuiría el porcentaje de votos sin representación en el Parlamento, que fluctuaría entre el 12 y el 8%.

En el caso de Lanzarote, el sondeo, realizado por Perfiles, indica que los votos que se traducen en representación ascienden al 96%, quedando fuera un 4%, también muy alejado del 36% de 2007. Y en Gran Canaria la horquilla sería del 90-94, reduciéndose también significativamente los votos excluidos (entre el 10 y el 6%, frente al 23% de hace cuatro años).

Se trata, sin duda, de una noticia de gran trascendencia desde el punto de vista democrático. Pero no invalida en modo alguno la imperiosa necesidad de modificar profundamente nuestro sistema electoral, tarea que deben afrontar las fuerzas políticas y los 60 diputados electos en los comicios del próximo 22 de mayo.

Enrique Bethencourt

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martes, 1 de marzo de 2011

Pérez Reverte y la (mala) educación

Me he leído con mucha atención el artículo, viejo por cierto, de Arturo Pérez Reverte, sobre la educación en España (hace referencia al PISA 2006) y las responsabilidades de los políticos de los últimos “veinte o treinta años” en su escasa calidad y malos resultados, que últimamente circula por Internet como si de un compendio de verdades reveladas se tratara.

Un texto que parece olvidar que la educación franquista era mucho peor y que entonces había más analfabetos, mucho menos gente escolarizada, muchísimos menos titulados universitarios y, en el caso canario, ni contábamos con una red de centros (los colegios estaban desdoblados en varios turnos y la mayoría de los municipios carecía de instituto) ni con plantillas docentes adecuadas.

En la forma y en el fondo este artículo (titulado, qué menos, ‘Permitidme tutearos, imbéciles’) me parece impropio de un académico y situado más cerca, mucho más cerca, de las imprecaciones al uso en una barra de bar, donde se juega a quién grita más o a quién despotrica de forma más encolerizada, o a uno de los numerosos programas de la tele basura. Ideas, la verdad, muy pocas.

Mentar a la madre de los políticos, como hace el ilustre autor en el arranque de su texto, o decir que España es un “autocomplaciente país de mierda” al que se pretende hacer “un país de más mierda todavía” (afirmación que no se atrevería a hacer ni Antonio Cubillo harto de ron) no creo que sea una interesante aportación al debate educativo, donde se precisan análisis rigurosos, críticas e ideas, más que insultos y descalificaciones.

Por mucho que éstas susciten el aplauso fácil de muchos, al igual que los gritos, amenazas e insultos en determinados programas televisivos provocan el delirante entusiasmo del público presente en el plató.

No constituyen novedad, por cierto, estas formas de expresión en boca de Reverte. Cabe recordar que cuando Miguel Ángel Moratinos abandonó su cargo de ministro de Exteriores por decisión de Rodríguez Zapatero también dijo que lo hizo “como un perfecto mierda”, por llorar, cosa que, por lo visto, no debemos hacer los hombres. Y su hiriente pluma alcanzó el culmen cuando comparó la ley antitabaco con lo sucedido a Ana Frank con los nazis. Un lumbrera, vamos.

A mí, que soy muy crítico con el sistema educativo canario, no se me pasa por la cabeza hablar de comunidad autónoma de mierda ni insultar a la consejera del ramo y a su familia, por muchas diferencias que tenga y por muchos déficit que constate; por educación, entre otras cosas, lo que a Pérez Reverte no parece sobrarle pese a que ocupa un sillón en la Real Academia de la Lengua (RAE).

En el texto, Reverte destaca los abismos que, en su opinión, se han abierto entre los resultados de la enseñanza pública y la privada; tema que por sí solo animaría a un debate. Tengo la impresión de que esta circunstancia tiene mucho que ver con factores como el status socioeconómico y cultural de sus alumnos de unos y otros centros o la exclusión de los inmigrantes en privados y privados/concertados; y es muy posible, asimismo, que en los años de bonanza buena parte de las clases medias se volcara, aún más, en la privada.

Hablar de la existencia de 17 sistemas educativos segregados, como hace en su artículo, tampoco tiene base alguna: el tronco común supone más del 80% de los contenidos; y nadie negará a estas alturas que los pibes deben conocer la geografía y la historia de su comunidad, así como sus literatos y artistas de los diferentes ámbitos (cosa que yo no pude hacer cuando estudiaba).

Y las propias conclusiones sobre las diferencias entre comunidades (“alcanzan sólo hasta el 4% en el conjunto de los resultados”, señala el PISA 2009) no parecen dar la razón a Reverte: el sistema es tremendamente homogéneo. Y mejorable, sin duda.

Y en torno a su referencia al “efecto devastador” del modelo educativo vigente en el País Vasco y Cataluña, baste recordar que en el último PISA Euskadi y Cataluña están por encima de la media española, y también superan a la media de los países de la OCDE en Matemáticas y Comprensión Lectora, y sólo ‘pinchan’ en Ciencias (aunque por encima de la media estatal). Tan mal no deben estar.

Por otra parte, poner de vuelta y media a Zapatero por afirmar que “lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres” también es, como mínimo, cuestionable. Recuerdo que en el PISA se afirma taxativamente que influyen de manera muy significativa las condiciones socioeconómicas de las familias y el ambiente cultural: la diferencia media entre los alumnos que tienen en casa menos de 10 libros y más de 500 es de 124 puntos en España y de 126 para toda la OCDE. Alguna razón tiene Zapatero, aunque le pese al omnisciente e infalible Reverte.

Por último, concluir, como hace, que esta es una nación inculta me llevaría, de forma ruin como el autor, a preguntarme por qué un escritor como Arturo Pérez Reverte -que no es ni de lejos James Joyce, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, García Márquez o Vargas Llosa- vende tantos libros en el país en el que triunfan Belén Esteban, ‘Sálvame’ y tele 5. Seguro que, “mierda” por medio, esa palabra no puede faltar en un texto suyo, Reverte tiene, como siempre, la precisa respuesta.

Enrique Bethencourt

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